"¿qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar?" E. Galeano

Editorial

¿Detener a un capo o salvar vidas?

No, esa no es la cuestión. No debió serlo.

El operativo fallido realizado en Culiacán nos confirmó varias cosas:

*Hay lugares en México que son, o están muy cercanos a ser, conflictos armados internos.

*Las policías no pueden enfrentar a los grupos más fuerte de delincuencia organizada, que compiten, e incluso pueden superar en armamento, a las Fuerzas Armadas.

*No podemos volver a una política de guerra.

Por otra parte, hay también un punto que es importante resaltar: el Secretario de Defensa reconoció el error en el operativo.  En nuestro informe sobre militarización (p68), señalamos como uno de los patrones de actuación de las Fuerzas Armadas, que en caso de herir a alguien por error, se aseguraban de asesinar a la víctima. De mantenerse, esta política podrá tener diversas implicaciones positivas.

Y… ¿qué sigue después de Culiacán? Desde la Estrategia Nacional de Seguridad, aunque es un documento deficiente en forma y fondo, hay algunos esbozos de política que se deben profundizar, los más urgentes: “reformular el combate a las drogas”, “concentrar los esfuerzos en el dinero y en los bienes del narcotráfico” y “utilizar mecanismos e instrumentos de justicia transicional” ¿Ya empezó el gobierno a trabajar en esto?

Desde OMDHAC, además, tenemos un interés particular en conocer cómo el presidente cumple con el transitorio quinto del decreto que crea la Guardia Nacional, y dispone de las Fuerzas Armadas para tareas de seguridad pública de manera extraordinaria, regulada, fiscalizada, subordinada y complementaria. Se lo preguntaremos al presidente directamente en los siguientes días.

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